
En cierta ocasión nos visitó mi tía Pepa, hermana de mi madre y de mi tía Anita Bernal, que vivía en Dos Hermanas. Mi primo Juanito Bernal, loco de contento con su visita, le ofreció un conejito que estaba criando y al
que metía en una caja de zapatos.
En varias ocasiones se lo ofreció, y mi tía no quería aceptarlo porque le daba pena que se desprendiera de él, ya que era como su mejor juguete. Pero mi primo, con el desparpajo que le caracteriza, y más siendo un niño,
insistía una y otra vez para que lo aceptara.
Tanto le insistió que mi tía acabó finalmente por aceptar el regalo.
Después, tras reflexionar un rato, viendo que se podía quedar sin su conejito, mi primo se arrepintió, por lo que lo cogió y lo llevó a la casa del vecino Curro el de Beatriz, diciéndole:
-¡Curro, toma este conejo y guárdamelo, que la “cacho puta” de mi tía se lo quiere llevar.